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El vendedor de bibliotecas
Por E. Jhonny López A.
Hace muchos años, tantos,
que aún era niño, llegó a nuestro hogar un
vendedor que dijo ofrecía bibliotecas. Junto con
su maletín llevaba dos cajas. Mi padre lo hizo
seguir y en la sala, junto a nuestra vieja
biblioteca de madera llena de libros, el hombre
descargó su pesada compañía.
De su portapapeles extrajo unas hojas
plastificadas en donde estaban las fotografías
de varios modelos de bibliotecas. Esperaba ver
muchas atestadas de libros. Pero lo que mostraba
era unos estantes de todos los tamaños. Las
había altas, bajas, con floreros en medio,
portarretratos, relojes, y muchos más adornos.
Parecía un escaparate de miscelánea.
La novedad era que esas distintas formas se
armaban libremente y siempre con los mismos
módulos que extrajo de esas cajas. Eran de color
marrón, rectangulares que tenían a sus lados
unos ganchos de metal de color amarillo, como si
fueran de oro.
Procedió a juntarlos y en unos minutos se
levantaba un armazón. Lo alzó muy fácil y lo
puso contra una pared. Sin el permiso de nadie,
agarró algunos de nuestros libros de la
verdadera biblioteca y los puso sobre ese
mueble. De igual manera hizo con el gran radio
Phillips amarillo y café. Orgulloso nos presentó
su obra y dijo que esa biblioteca podría ser del
tamaño que cada uno quisiera pues se le podían
añadir o quitar piezas.
Además, aconsejó que a mayor número de módulos,
más objetos tendríamos posibilidad de exhibir.
También, que se podían crear mini “bibliotecas”
y ponerlas en varias partes de la casa. Incluso,
aseveró, entre más cajas compráramos, cada uno
de los integrantes de la familia podría tener su
propia “biblioteca”.
Terminada su exposición, mi padre, como era
costumbre, carraspeó, se llevó la mano derecha
cerrada a la boca, miro su biblioteca y
apartando nuevamente la mano le dijo al
vendedor: Y si a ese mueble le llama biblioteca,
¿por qué también no la vende con libros?
Ese recuerdo sale de mi memoria, cuando visito
hogares en donde no existe siquiera un pequeño
mueble con libros. Desafortunadamente, ese
vendedor y tantos factores, ya predecían que
algún día vendrían unos muebles de demostración
del consumismo, que botarían a los que
albergaban la inteligencia.. ¡Esas si eran las
verdaderas bibliotecas!
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Fuente:
Blog de Animación a la Lectura

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